Es, en este mismisimo momento, una atorbellinada querella en mi mismo lo que me concede la voz para hablarles. En otras palabras, estoy con ganas de escribir.
Mis manos, frias y adormecidas, se quejan tras cada tecla presionada y mi cabeza no para de yirar.
Son en mi, sentimientos de orgullo de las amistades habidas, de las ocurrencias concurridas, de las trascendencias participadas, de las incidencias cometidas; hacia tiempo que eran mias estas palabras y que todavia no transmitia.
Crujia frio un arbol,
sedia seco un yuyo,
dormia plano el cuyo,
cuyo cual no era suyo,
Dolía largo el tren,
Hiriendo estaba el orgullo,
quejabase de un par,
uy eran dos los orgullos,



